Los alquimistas nos hablan de cuatro alimentos sin los cuales sería imposible convertir el plomo en oro, el alimento tierra, el alimento agua, el alimento aire y el alimento fuego; el “alimento tierra” está en todo lo que comemos y tiene sabor, tiene olor, tiene color, se lo puede tocar, obviamente lo podemos ver y si es crujiente también hace ruido, por lo general lo consumimos con tenedor y cuchillo, pero una sopa bien espesa también entraría dentro de esta categoría, el alimento tierra impacta en nuestros 5 sentidos, el “alimento agua” no es ni más ni menos que esa misma agua que bebemos a diario, la podemos ver, la podemos tocar, la escuchamos cuando llueve, pero no tiene gusto ni tiene olor, impacta en 3 de los 5 sentidos, el “alimento aire” es el que estamos respirando en este preciso instante, no lo podemos ver, no tiene gusto, tampoco tiene olor, pero si el viento sopla fuerte lo podemos escuchar y si movemos los brazos lo podemos tocar, solo impacta en 2 de nuestros sentidos, finalmente nos queda el “alimento fuego”, al cual ignoramos por completo como alimento, porque no identificamos la trascendencia que tiene como tal, el alimento fuego son nuestros 5 sentidos en sí, está compuesto por todo lo que percibimos, el frío, el calor, la presión, la temperatura, la humedad, la gravedad, el sonido, la luz, los colores, los olores, los sabores, las texturas, las sensaciones, etc., nos cuesta entender que los sentidos son un alimento porque no prestamos atención a las relaciones que producen en nuestro interior, si alguien nos da una buena noticia nos “energizamos”, nos alegramos, por el contrario, si algo nos deprime nos “apagamos”, la música que nos gusta nos activa, nos pone en movimiento, la sintonizamos, mientras que una música que no nos gusta nos altera, nos molesta, la evitamos, hay personas que necesitan estímulos más groseros, mientras que otras están bien con detalles más sutiles, esto es mucho más profundo, pero con esos ejemplos ya nos podemos hacer una somera idea de por qué decimos que lo que percibimos con los sentidos también es un alimento que nos da energía, o caso contrario nos la quita, casi que nos indigesta, es como que nos contamina; si lo analizamos, desde un punto de vista diríamos más “científico”, veríamos que hay una directa relación entre los cuatro estados de agregación de la materia—energía y nuestros cinco sentidos, cuanto más grosero es el elemento, más sentidos físicos lo pueden captar, cuanto más sutil es el elemento, menos de nuestros sentidos lo perciben; los alquimistas dan trascendental importancia a los cuatro elementos porque justamente se relacionan directamente con los cuatro estados de la materia, con los cuatro alimentos y con los cinco sentidos, los elementos son en sí nuestros alimentos y los alimentos son nuestra energía; la naturaleza puede conservar parte de la energía que obtiene del Sol, para eso utiliza los hidrocarburos, carbón, petróleo y gas, sólido, líquido y gaseoso respectivamente, cuanto más ligero es el combustible más rápidamente se puede liberar su energía, de la misma forma cuanto más sutil es el alimento, más rápidamente podemos extraerle energía; sin comida podemos estar un par de semanas, alimento sólido, elemento tierra, sin agua podemos estar un par de días, alimento líquido, elemento agua, sin respirar podemos estar un par de minutos, alimento gaseoso, elemento aire, sin recibir impresiones no podemos estar ni un instante, alimento sensitivo, elemento fuego, para nuestro cerebro dejar de recibir impulsos sería lo mismo que la muerte, a tal punto depende de los impulsos que si no los recibe se los inventa él mismo, como cuando estamos durmiendo que vemos y escuchamos cosas; nuestros sentidos pueden percibir diferentes formas de onda, nuestra piel percibe las ondas de la luz infrarroja en forma de “calor”, con los ojos percibimos las diferentes frecuencias de onda de la luz blanca a modo de “colores”, con los oídos percibimos las ondas producidas por las variaciones de presión en el aire como “sonido”, el tacto por su parte también tiene propiedades electromagnéticas que nos permiten sentir la presión, la gravedad, el frío, el calor, distinguir diferentes materiales y texturas, el olfato y el gusto reaccionan químicamente a los olores y sabores; los alquimistas nos enseñan que los cuatro elementos de la naturaleza en realidad son los alimentos que consumimos a diario, esos que nos dan “energía”, y es con esa energía vital con la que podemos convertir el plomo en oro.
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