10.9.23

Pato Criollo

Acá en el barrio al que se la manda muy seguido le decimos “Pato Criollo”, por eso de que “a cada paso una cagada”, magnífica criatura el pato, puede nadar, puede caminar y hasta puede volar, pero todo lo hace muy torpemente, no vamos a decir que los patos no tienen gracia porque si hay una criatura que ha sabido representar la sana diversión y el buen entretenimiento han sido los patos, el Pato Donald de Disney, el Pato Lucas de la Warner, Howard el Pato de Marvel, las Pato Aventuras de Disney, el Patotective de Gravity Falls, Wade el Pato Cobarde, el Pato Psíquico de Pokémon, Los Patos Astutos, el Pato Saturnino, el Patito Feo, entre tantos otros, pero sin lugar a dudas el pato más terrorífico de todos los tiempos es el incomparable Conde Pátula, esta clase de personajes suelen ser muy tenaces a la hora de cometer torpezas, por eso a quienes se equivocan mucho “cariñosamente” les decimos pato criollo, nadie está exento de cometer errores, tampoco se puede pretender que las cosas nos salgan bien a la primera de cambio —como diría El Chavo del Ocho: “echando a perder se aprende”—, lo cuestionable es la actitud remanente ante la evidencia del error, aprender requiere siempre de un esfuerzo, por lo tanto, es un trabajo, hay errores que se pueden cometer una única vez, hay errores hay que repetirlos muchas veces para que se vuelvan graves, antes del siglo XX casi nadie hablaba de bosques o especies en peligro de extinción, la revolución industrial nos permitió avanzar muy rápido, en un minúsculo lapso de tiempo logramos exterminar muchas especies, pero todavía seguimos sin solucionar el problema de los residuos, hay pilas de ratas y de basura que se amontonan por todos lados, a la naturaleza no le gusta acumular cosas que no sean permeables al flujo de la vida, ella se esfuerza mucho para lograr deshacerse de todo lo que nosotros hacemos, pero la biodegradación es mucho más lenta que nuestra voraz empresa, la naturaleza no nos pide que limpiemos simplemente que cada vez que la utilicemos la dejemos como estaba antes de usarla, no podemos evitar ir al baño, pero cada vez que vamos lo tenemos que volver a dejar como estaba antes de usarlo, sino al poco tiempo hay que clausurarlo.
Acá en el barrio al que se la manda muy seguido le decimos “Pato Criollo”, por eso de que “a cada paso una cagada”, magnífica criatura el pato, puede nadar, puede caminar y hasta puede volar, pero todo lo hace muy torpemente, no vamos a decir que los patos no tienen gracia porque si hay una criatura que ha sabido representar la sana diversión y el buen entretenimiento han sido los patos, el Pato Donald de Disney, el Pato Lucas de la Warner, Howard el Pato de Marvel, las Pato Aventuras de Disney, el Patotective de Gravity Falls, Wade el Pato Cobarde, el Pato Psíquico de Pokémon, Los Patos Astutos, el Pato Saturnino, el Patito Feo, entre tantos otros, pero sin lugar a dudas el pato más terrorífico de todos los tiempos es el incomparable Conde Pátula, esta clase de personajes suelen ser muy tenaces a la hora de cometer torpezas, por eso a quienes se equivocan mucho “cariñosamente” les decimos pato criollo, nadie está exento de cometer errores, tampoco se puede pretender que las cosas nos salgan bien a la primera de cambio —como diría El Chavo del Ocho: “echando a perder se aprende”—, lo cuestionable es la actitud remanente ante la evidencia del error, aprender requiere siempre de un esfuerzo, por lo tanto, es un trabajo, hay errores que se pueden cometer una única vez, hay errores hay que repetirlos muchas veces para que se vuelvan graves, antes del siglo XX casi nadie hablaba de bosques o especies en peligro de extinción, la revolución industrial nos permitió avanzar muy rápido, en un minúsculo lapso de tiempo logramos exterminar muchas especies, pero todavía seguimos sin solucionar el problema de los residuos, hay pilas de ratas y de basura que se amontonan por todos lados, a la naturaleza no le gusta acumular cosas que no sean permeables al flujo de la vida, ella se esfuerza mucho para lograr deshacerse de todo lo que nosotros hacemos, pero la biodegradación es mucho más lenta que nuestra voraz empresa, la naturaleza no nos pide que limpiemos simplemente que cada vez que la utilicemos la dejemos como estaba antes de usarla, no podemos evitar ir al baño, pero cada vez que vamos lo tenemos que volver a dejar como estaba antes de usarlo, sino al poco tiempo hay que clausurarlo.

1.9.23

Medio Gusano


¿Qué es peor que encontrar un gusano en una manzana? ¡Encontrar medio gusano!, sería muy desagradable morder una manzana y ver que nos comimos medio gusano, ese es el chiste, es muy viejo, pero en realidad no sería tan malo encontrar algún bicho en los vegetales y frutas que comemos, aunque hoy en día es muy raro que los frutos seleccionados tengan imperfectos. Todas las criaturas ponen lo mejor de sí en el proceso reproductivo, eso es algo natural, la supervivencia de la especie depende de eso, las plantas bien lo saben, por eso en sus semillas ponen solo lo mejor, lo que es bueno para la planta es beneficioso para sus frutos y lo que es bueno para los frutos es bueno para todas las criaturas que se alimentan de ellos, nadie negaría que uno de los alimentos más saludables son las frutas, las semillas y los germinados. Aunque se desconocen los detalles de cómo se originó la agricultura, a cuento —“agros” significa “campo”—, se sabe que los pueblos eran nómadas, recolectaban, cazaban, pescaban, viajaban siguiendo el ciclo de las estaciones, lo mismo que las aves migratorias, pero en algún punto esos ciclos se interrumpieron, quizás haya sido a causa de algún cambio climático o simplemente se cansaron de tanto vagar con sus tiendas a cuestas, no tenemos los detalles ni las causas, pero lo que sí sabemos es que los pueblos modernos se volvieron sedentarios, quedándose cerca del agua fresca y las buenas tierras, muchos viajaban con animales, a los cuales también hubo que volverlos sedentarios, se hizo necesario disponer de buenas pasturas y abundantes granos durante todo el año. En la naturaleza no existe el concepto de “sociedad”, en la naturaleza las criaturas no hacen “negocios” unas con otras, no son socias, sí es normal que se formen “comunidades”, también es común que las especies “cooperen” unas con otras, si son complementarias no tienen conflictos al “compartir”, y “compiten” si tienen que hacerlo, pero en ningún caso existe el concepto de “propiedad privada”, cada criatura solo “posee” lo que puede “dominar”, un ave de presa puede controlar un territorio de caza compitiendo con otros depredadores y con sus propios congéneres, solo tiene control sobre el territorio que domina, ninguna criatura le “protege” el territorio a otra, ninguna criatura le “cría” la cría a otra, ninguna criatura le “construye” el nido a otra, todas las criaturas tienen esa “independencia”, obviamente las criaturas que forman comunidades pueden controlar y defender territorios más amplios, lo mismo que criar mejor y más eficientemente a sus crías. A los agricultores les sucede exactamente lo mismo, si quieren ser los “dueños” de una plantación o huerto tienen que poder dominarlo, caso contrario cualquier criatura se va a poder servir de esos cultivos, Charles Darwin planteó que tanto la competencia como la adaptación al medio son determinantes para la supervivencia y el proceso de “selección natural”, sobre sus ideas se fundamentó el concepto anglófilo de la competencia, lo que se conoce como el “darwinismo social” o “la supervivencia del más apto”, obviamente todas las criaturas luchan por sobrevivir, eso es algo instintivo, pero el concepto anglófilo de la “competencia” se queda corto a la hora de comprender el delicado equilibrio sobre el cual se mantiene el medio ambiente, en la época de Darwin nadie se preocupaba por las especies ya extintas o en inminente peligro de extinción, hoy sabemos que cada especie cumple una función específica, llena un espacio, en el mantenimiento y equilibrio de un medio ambiente saludable. La palabra “prójimo” es similar a la palabra Méjico, a ambas se las puede escribir con una equis, eso quiere decir que el prójimo en realidad es el “próximo”, el prójimo no es solo una persona en particular, el prójimo es todo el “medio ambiente” que nos rodea, cuando nos enseñan que hay que “amar al prójimo como a ti mismo”, nos están diciendo que nuestra subsistencia depende de todo lo que nos rodea. Los pueblos nómadas se adaptan al medio ambiente, mientras que los pueblos sedentarios adaptamos el medio ambiente a nuestras necesidades, cuando uno está en movimiento solo puede cargar lo estrictamente necesario, pero cuando uno se queda quieto es muy fácil comenzar a acumular cosas innecesarias, toda actividad humana debería poder desarrollarse en ese equilibrio que está entre lo necesario y lo vital, la agricultura nos facilita la subsistencia, pero también nos exige respetar ese delicado balance, en nombre de la tan cacareada “civilización” nos hemos acostumbrado a obrar de forma extralimitada, muchas veces avasallando a la naturaleza, y esto no solo sucede en el ámbito de la agricultura, el personaje de John Glover en la película GREMILINS 2 sabiamente dice “haz un lugar para cosas y las cosas vendrán”, haciendo referencia a los desequilibrios ecológicos causados por la mano del hombre. La batalla de los agricultores por defender y mejorar sus cultivos ya es milenaria, cuando no son las aves comiendo los sembrados, son los roedores comiendo lo que hay almacenado en los graneros, toda huerta es un banquete para insectos, aves y herbívoros, hay un dicho que dice “en la guerra todo se vale”, espantapájaros, humaredas, depredadores, insecticidas, radiación, herbicidas, pesticidas, fungicidas, agroquímicos, transgénicos, son algunas de las tantas contramedidas que se fueron implementando a lo largo de la historia para intentar evitar que las “alimañas” dañen los cultivos. La “cooperación” siempre es superior a la competencia, en la naturaleza hay una energía que se denomina “shakti”, es la capacidad de “generar” una nueva expresión de vida, vulgarmente diríamos crear vida, pero el shakti no solo define la capacidad de generar, sino también el poder para reparar o “regenerar” a los organismos, en el caso de nuestro amigo el gusano y su manzana vemos que el gusano come de la manzana lo que nosotros descartamos, la semilla, por el contrario, nosotros solo comemos lo que el gusano prácticamente descarta, la pulpa, nosotros descartamos de la manzana lo que “alimenta” a los gusanos, mientras que los gusanos primero se comen lo que tiene potencial para germinar, habría que ver cuál de los dos es más inteligente, si nosotros o el gusano, el shakti está latente en la semilla, el shakti es la capacidad de generar nueva vida, eso es lo que persigue el gusano dentro de la manzana, mientras que a nosotros nos interesa el rinde y la belleza estética, no estamos diciendo que no haya que cuidar la salud y la producción de los cultivos, por eso seleccionamos las mejores semillas y utilizamos herbicidas, insecticidas, esterilizantes, fungicidas, pesticidas, radiación, venenos, agroquímicos, transgénicos, y cuanta cosa nos parezca conveniente, lo que estamos queriendo resaltar es la perfección “sintética” que se observa en muchos de nuestros cultivos. Antes los campos estaban llenos de vida, no se podía recorrer las carreteras sin que los parabrisas y radiadores de los vehículos se llenaran de toda clase de insectos, hoy a duras penas si vemos alguna que otra mariposa blanca, atrás en el tiempo quedaron las épocas en las que perseguíamos a los bichitos de luz, por eso tanta desconfianza a esos frutos o vegetales de apariencia impoluta e inmaculada, lo mismo que le da vida a un gusano nos da vida a nosotros, y a ningún gusano le interesa una semilla estéril, un fruto sin semillas, es un fruto sin shakti.

¿Qué es peor que encontrar un gusano en una manzana? ¡Encontrar medio gusano!, sería muy desagradable morder una manzana y ver que nos comimos medio gusano, ese es el chiste, es muy viejo, pero en realidad no sería tan malo encontrar algún bicho en los vegetales y frutas que comemos, aunque hoy en día es muy raro que los frutos seleccionados tengan imperfectos. Todas las criaturas ponen lo mejor de sí en el proceso reproductivo, eso es algo natural, la supervivencia de la especie depende de eso, las plantas bien lo saben, por eso en sus semillas ponen solo lo mejor, lo que es bueno para la planta es beneficioso para sus frutos y lo que es bueno para los frutos es bueno para todas las criaturas que se alimentan de ellos, nadie negaría que uno de los alimentos más saludables son las frutas, las semillas y los germinados. Aunque se desconocen los detalles de cómo se originó la agricultura, a cuento —“agros” significa “campo”—, se sabe que los pueblos eran nómadas, recolectaban, cazaban, pescaban, viajaban siguiendo el ciclo de las estaciones, lo mismo que las aves migratorias, pero en algún punto esos ciclos se interrumpieron, quizás haya sido a causa de algún cambio climático o simplemente se cansaron de tanto vagar con sus tiendas a cuestas, no tenemos los detalles ni las causas, pero lo que sí sabemos es que los pueblos modernos se volvieron sedentarios, quedándose cerca del agua fresca y las buenas tierras, muchos viajaban con animales, a los cuales también hubo que volverlos sedentarios, se hizo necesario disponer de buenas pasturas y abundantes granos durante todo el año. En la naturaleza no existe el concepto de “sociedad”, en la naturaleza las criaturas no hacen “negocios” unas con otras, no son socias, sí es normal que se formen “comunidades”, también es común que las especies “cooperen” unas con otras, si son complementarias no tienen conflictos al “compartir”, y “compiten” si tienen que hacerlo, pero en ningún caso existe el concepto de “propiedad privada”, cada criatura solo “posee” lo que puede “dominar”, un ave de presa puede controlar un territorio de caza compitiendo con otros depredadores y con sus propios congéneres, solo tiene control sobre el territorio que domina, ninguna criatura le “protege” el territorio a otra, ninguna criatura le “cría” la cría a otra, ninguna criatura le “construye” el nido a otra, todas las criaturas tienen esa “independencia”, obviamente las criaturas que forman comunidades pueden controlar y defender territorios más amplios, lo mismo que criar mejor y más eficientemente a sus crías. A los agricultores les sucede exactamente lo mismo, si quieren ser los “dueños” de una plantación o huerto tienen que poder dominarlo, caso contrario cualquier criatura se va a poder servir de esos cultivos, Charles Darwin planteó que tanto la competencia como la adaptación al medio son determinantes para la supervivencia y el proceso de “selección natural”, sobre sus ideas se fundamentó el concepto anglófilo de la competencia, lo que se conoce como el “darwinismo social” o “la supervivencia del más apto”, obviamente todas las criaturas luchan por sobrevivir, eso es algo instintivo, pero el concepto anglófilo de la “competencia” se queda corto a la hora de comprender el delicado equilibrio sobre el cual se mantiene el medio ambiente, en la época de Darwin nadie se preocupaba por las especies ya extintas o en inminente peligro de extinción, hoy sabemos que cada especie cumple una función específica, llena un espacio, en el mantenimiento y equilibrio de un medio ambiente saludable. La palabra “prójimo” es similar a la palabra Méjico, a ambas se las puede escribir con una equis, eso quiere decir que el prójimo en realidad es el “próximo”, el prójimo no es solo una persona en particular, el prójimo es todo el “medio ambiente” que nos rodea, cuando nos enseñan que hay que “amar al prójimo como a ti mismo”, nos están diciendo que nuestra subsistencia depende de todo lo que nos rodea. Los pueblos nómadas se adaptan al medio ambiente, mientras que los pueblos sedentarios adaptamos el medio ambiente a nuestras necesidades, cuando uno está en movimiento solo puede cargar lo estrictamente necesario, pero cuando uno se queda quieto es muy fácil comenzar a acumular cosas innecesarias, toda actividad humana debería poder desarrollarse en ese equilibrio que está entre lo necesario y lo vital, la agricultura nos facilita la subsistencia, pero también nos exige respetar ese delicado balance, en nombre de la tan cacareada “civilización” nos hemos acostumbrado a obrar de forma extralimitada, muchas veces avasallando a la naturaleza, y esto no solo sucede en el ámbito de la agricultura, el personaje de John Glover en la película GREMILINS 2 sabiamente dice “haz un lugar para cosas y las cosas vendrán”, haciendo referencia a los desequilibrios ecológicos causados por la mano del hombre. La batalla de los agricultores por defender y mejorar sus cultivos ya es milenaria, cuando no son las aves comiendo los sembrados, son los roedores comiendo lo que hay almacenado en los graneros, toda huerta es un banquete para insectos, aves y herbívoros, hay un dicho que dice “en la guerra todo se vale”, espantapájaros, humaredas, depredadores, insecticidas, radiación, herbicidas, pesticidas, fungicidas, agroquímicos, transgénicos, son algunas de las tantas contramedidas que se fueron implementando a lo largo de la historia para intentar evitar que las “alimañas” dañen los cultivos. La “cooperación” siempre es superior a la competencia, en la naturaleza hay una energía que se denomina “shakti”, es la capacidad de “generar” una nueva expresión de vida, vulgarmente diríamos crear vida, pero el shakti no solo define la capacidad de generar, sino también el poder para reparar o “regenerar” a los organismos, en el caso de nuestro amigo el gusano y su manzana vemos que el gusano come de la manzana lo que nosotros descartamos, la semilla, por el contrario, nosotros solo comemos lo que el gusano prácticamente descarta, la pulpa, nosotros descartamos de la manzana lo que “alimenta” a los gusanos, mientras que los gusanos primero se comen lo que tiene potencial para germinar, habría que ver cuál de los dos es más inteligente, si nosotros o el gusano, el shakti está latente en la semilla, el shakti es la capacidad de generar nueva vida, eso es lo que persigue el gusano dentro de la manzana, mientras que a nosotros nos interesa el rinde y la belleza estética, no estamos diciendo que no haya que cuidar la salud y la producción de los cultivos, por eso seleccionamos las mejores semillas y utilizamos herbicidas, insecticidas, esterilizantes, fungicidas, pesticidas, radiación, venenos, agroquímicos, transgénicos, y cuanta cosa nos parezca conveniente, lo que estamos queriendo resaltar es la perfección “sintética” que se observa en muchos de nuestros cultivos. Antes los campos estaban llenos de vida, no se podía recorrer las carreteras sin que los parabrisas y radiadores de los vehículos se llenaran de toda clase de insectos, hoy a duras penas si vemos alguna que otra mariposa blanca, atrás en el tiempo quedaron las épocas en las que perseguíamos a los bichitos de luz, por eso tanta desconfianza a esos frutos o vegetales de apariencia impoluta e inmaculada, lo mismo que le da vida a un gusano nos da vida a nosotros, y a ningún gusano le interesa una semilla estéril, un fruto sin semillas, es un fruto sin shakti.

22.8.23

Camino Iniciático

El camino iniciático es extremadamente solitario, tanto así que el único lugar donde se lo puede transitar es en el desierto, pero no en uno cualquiera, un desierto enorme, tan grande que para atravesarlo al pueblo de Is-Ra-El le costó estar vagando durante no menos de 40 años, el desierto tiene una magia que nos expone a las más terribles realidades de la vida, por empezar nos enfrenta al hecho de que "no tenemos vida", a nosotros nos gusta pensar que tenemos vida, que somos dueños de nuestra vida, que con nuestra vida hacemos lo que queremos, pero la vida no es algo que se pueda cargar fácilmente en una mochila y justamente eso es lo primero que nos enseña el desierto, que no somos dueños de la vida, en el desierto no hay canillas de donde podamos llenar la cantimplora, para su fortuna el pueblo de Is-Ra-El lo tenía a Moisés que con su serpiente enroscada en una vara hacía brotar agua de las piedras, pero la vida no solo está en el agua, la vida está en todas las energías que fluyen a través nuestro, la vida ingresa a nosotros cada vez que inhalamos aire y se va cuando exhalamos, ingresa cada vez que bebemos agua y se va cuando orinamos, ingresa cuando comemos alimento y se va cuando defecamos, la vida está en los alimentos y nosotros consumimos alimento sólido, líquido y gaseoso, podemos sobrevivir varias semanas sin consumir alimento sólido, podemos sobrevivir varios días sin beber agua y solo podemos vivir unos minutos sin respirar, cuanto más sutil es el alimento con mayor frecuencia es que lo necesitamos, podríamos decir que el sustento de nuestra vida biológica está en la energía que nos brindan los alimentos, como dicen en mi tierra "un buen plato de comida es un día más de vida", lamentablemente no podemos generar la energía que necesitamos ni tampoco podemos hacer una reserva abundante de la energía que ingerimos, es por eso que decimos que no tenemos vida, es todo lo contrario "la vida nos tiene a nosotros", somos como peces dentro del elemento vital y al igual que los peces si nos sacan del elemento nos morimos, la ciencia explica que la vida es un proceso metabólico, justamente eso es lo primero que nos enseña el desierto, que la vida es un equilibrio de energías que fluye a través de los organismos, un intercambio permanente entre el interior y el exterior, todos sabemos perfectamente lo que es el desierto porque bien podemos reconocer dónde hay vida y dónde no la hay, eso es lo fácil, ahí donde no hay ni plantas ni animales hay un desierto, practicamente cualquier persona nos puede orientar o poner en algún sendero que nos lleve hasta el umbral de un desierto, de ahí en adelante ya no hay más sendero porque ya no hay señales, en un verdadero desierto no hay caminos, por ahí no anda nadie, un camino son dos límites, tan simple como eso, un límite a la izquierda y otro a la derecha, mientras nos mantenemos transitando dentro de esos límites sabemos que vamos a llegar a algún lugar, no importa si vamos en un sentido o en otro, todo sendero tiene un destino y sabemos que alguien previamente ya lo transitó, vemos el rastro que quedó en el suelo de todos aquellos que han pasado por ahí, no nos podemos perder, pero el desierto tiene una magia que borra todas las huellas, el desierto se conserva virgen, no deja ningún rastro de aquellos que lo han atravesado, envuelto por el vacío del desierto cualquier caminante fácilmente se desorienta, se mire para donde se mire es todo más de lo mismo, es como estar en el medio de un océano, no hay ninguna referencia, pero eso no es problema para el iniciado porque las noches en el desierto son de ensueño y si presta especial atención verá que los astros lo están guiando, la vida tiene un destino innegable, nacer, crecer, quizás hacer algo en el medio, envejecer y morir, pero el desierto tiene esa magia que le imprime una urgencia a ese destino, quien desafía al desierto en realidad desafía a la muerte misma, cuando el caminante se da cuenta que lleva 40 años de su vida transitando por un desierto, sin agua, y que no importa los planes que tenga, o hacia dónde se oriente su vida, la salida siempre será la misma, el desierto tiene esa magia que cuestiona nuestra realidad, ahí es cuando el caminante comprende por qué está metido en ese camino, el desierto nos ayuda a "interrumpir" la vida a voluntad, nos ayuda a detenernos un instante a reflexionar, a sentarse a meditar, a resolver las preguntas existenciales que todo amante de la sabiduría debe hacerse, ¿qué sentido tiene todo esto?, una filosofía que cuestiona la mecánica misma de la vida, en algún sentido el desierto es como la gravedad, que nos atrapa y solo nos podemos escapar cuando estamos soñando, en los sueños podemos volar, el desierto tiene esa magia que nos ayuda a aislarnos de las distracciones del mundo exterior, ese mundo que nos quema, que nos consume, que nos agobia, con situaciones que gota a gota van drenando nuestra vida, el agua que hace brotar Moisés de la roca está dentro de cada una de las personas que transitan con él el desierto, un corazón insensible es duro como una roca, parece muerto, no tiene vida, el camino iniciático nos conduce hacia ese manantial de vida que nos permite atravesar el fuego de la verdad sin quemarnos, del corazón brota el agua que necesitamos para superar el desierto que separa este mundo exterior que nos consume de ese mundo interior que nos da vida.

El camino iniciático es extremadamente solitario, tanto así que el único lugar donde se lo puede transitar es en el desierto, pero no en uno cualquiera, un desierto enorme, tan grande que para atravesarlo al pueblo de Is-Ra-El le costó estar vagando durante no menos de 40 años, el desierto tiene una magia que nos expone a las más terribles realidades de la vida, por empezar nos enfrenta al hecho de que "no tenemos vida", a nosotros nos gusta pensar que tenemos vida, que somos dueños de nuestra vida, que con nuestra vida hacemos lo que queremos, pero la vida no es algo que se pueda cargar fácilmente en una mochila y justamente eso es lo primero que nos enseña el desierto, que no somos dueños de la vida, en el desierto no hay canillas de donde podamos llenar la cantimplora, para su fortuna el pueblo de Is-Ra-El lo tenía a Moisés que con su serpiente enroscada en una vara hacía brotar agua de las piedras, pero la vida no solo está en el agua, la vida está en todas las energías que fluyen a través nuestro, la vida ingresa a nosotros cada vez que inhalamos aire y se va cuando exhalamos, ingresa cada vez que bebemos agua y se va cuando orinamos, ingresa cuando comemos alimento y se va cuando defecamos, la vida está en los alimentos y nosotros consumimos alimento sólido, líquido y gaseoso, podemos sobrevivir varias semanas sin consumir alimento sólido, podemos sobrevivir varios días sin beber agua y solo podemos vivir unos minutos sin respirar, cuanto más sutil es el alimento con mayor frecuencia es que lo necesitamos, podríamos decir que el sustento de nuestra vida biológica está en la energía que nos brindan los alimentos, como dicen en mi tierra "un buen plato de comida es un día más de vida", lamentablemente no podemos generar la energía que necesitamos ni tampoco podemos hacer una reserva abundante de la energía que ingerimos, es por eso que decimos que no tenemos vida, es todo lo contrario "la vida nos tiene a nosotros", somos como peces dentro del elemento vital y al igual que los peces si nos sacan del elemento nos morimos, la ciencia explica que la vida es un proceso metabólico, justamente eso es lo primero que nos enseña el desierto, que la vida es un equilibrio de energías que fluye a través de los organismos, un intercambio permanente entre el interior y el exterior, todos sabemos perfectamente lo que es el desierto porque bien podemos reconocer dónde hay vida y dónde no la hay, eso es lo fácil, ahí donde no hay ni plantas ni animales hay un desierto, practicamente cualquier persona nos puede orientar o poner en algún sendero que nos lleve hasta el umbral de un desierto, de ahí en adelante ya no hay más sendero porque ya no hay señales, en un verdadero desierto no hay caminos, por ahí no anda nadie, un camino son dos límites, tan simple como eso, un límite a la izquierda y otro a la derecha, mientras nos mantenemos transitando dentro de esos límites sabemos que vamos a llegar a algún lugar, no importa si vamos en un sentido o en otro, todo sendero tiene un destino y sabemos que alguien previamente ya lo transitó, vemos el rastro que quedó en el suelo de todos aquellos que han pasado por ahí, no nos podemos perder, pero el desierto tiene una magia que borra todas las huellas, el desierto se conserva virgen, no deja ningún rastro de aquellos que lo han atravesado, envuelto por el vacío del desierto cualquier caminante fácilmente se desorienta, se mire para donde se mire es todo más de lo mismo, es como estar en el medio de un océano, no hay ninguna referencia, pero eso no es problema para el iniciado porque las noches en el desierto son de ensueño y si presta especial atención verá que los astros lo están guiando, la vida tiene un destino innegable, nacer, crecer, quizás hacer algo en el medio, envejecer y morir, pero el desierto tiene esa magia que le imprime una urgencia a ese destino, quien desafía al desierto en realidad desafía a la muerte misma, cuando el caminante se da cuenta que lleva 40 años de su vida transitando por un desierto, sin agua, y que no importa los planes que tenga, o hacia dónde se oriente su vida, la salida siempre será la misma, el desierto tiene esa magia que cuestiona nuestra realidad, ahí es cuando el caminante comprende por qué está metido en ese camino, el desierto nos ayuda a "interrumpir" la vida a voluntad, nos ayuda a detenernos un instante a reflexionar, a sentarse a meditar, a resolver las preguntas existenciales que todo amante de la sabiduría debe hacerse, ¿qué sentido tiene todo esto?, una filosofía que cuestiona la mecánica misma de la vida, en algún sentido el desierto es como la gravedad, que nos atrapa y solo nos podemos escapar cuando estamos soñando, en los sueños podemos volar, el desierto tiene esa magia que nos ayuda a aislarnos de las distracciones del mundo exterior, ese mundo que nos quema, que nos consume, que nos agobia, con situaciones que gota a gota van drenando nuestra vida, el agua que hace brotar Moisés de la roca está dentro de cada una de las personas que transitan con él el desierto, un corazón insensible es duro como una roca, parece muerto, no tiene vida, el camino iniciático nos conduce hacia ese manantial de vida que nos permite atravesar el fuego de la verdad sin quemarnos, del corazón brota el agua que necesitamos para superar el desierto que separa este mundo exterior que nos consume de ese mundo interior que nos da vida.

21.8.23

La Perfección

“La perfección se alcanza, 
no cuando no hay nada más que añadir, 
sino cuando ya no queda nada más que quitar.” 
Antoine de Saint-Exupery
“La perfección se alcanza, 
no cuando no hay nada más que añadir, 
sino cuando ya no queda nada más que quitar.” 
Antoine de Saint-Exupery

20.8.23

Libre Albedrío

Si tenés que elegir es porque en realidad no tenés libertad, si solo tenés dos opciones y una parece ser mejor que la otra, ahí es cuando la mente empieza a dudar qué sería lo mejor, hacer esto o aquello otro, esa es la famosa dualidad del bien y del mal, de lo correcto y lo incorrecto, ahora, si de todas las opciones que tenés ninguna es buena, es decir que todas conducen a un resultado que no es deseable, ahí es cuando estás en una verdadera crisis y en carne propia te venís a enterar de que eso que dicen los orientales que “detrás de toda crisis hay una oportunidad” no es tan afortunado como parece, a las crisis solo se las supera atravesándolas, se haga lo que se haga el resultado final siempre será determinantemente malo, nunca vamos a escuchar a nadie diciendo “ahhh que buena que estuvo tal crisis…”, por el contrario, es en esa clase de situaciones cuando solemos escuchar decir “esto es un parto”, no porque un parto traiga algo malo o sea algo malo, todo lo contrario, sino porque es algo que inevitablemente todos tenemos que atravesar, en ciertos aspectos al vientre materno se lo puede relacionar con el "Paraíso Terrenal", ese de Adán y Eva, un lugar místico donde todo es belleza y armonía, donde no existe el dolor ni el sufrimiento, donde los ríos manan leche y miel, donde no hace ni frío ni calor, donde no hay que preocuparse por comer ni por la inmundicia de las excreciones, el paraíso es ese “estado” del que todos fuimos expulsados y al que muchos de nosotros quisiéramos poder volver aunque sea por un instante, si bien no estoy calificado para opinar sobre la gestación porque —como diría Rachel Green en el capítulo 14 de la temporada 8 de la serie F·R·I·E·N·D·S— "no uterus, no opinion",  todos pasamos por esa etapa y a la fuerza tuvimos que abandonar la comodidad del vientre materno, toda crisis nos enfrenta a un inevitable cambio de estado, partimos de una situación previa que se volvió insostenible y llegamos a una inevitable situación posterior, la cual se establece como el resultado final de algún proceso, toda crisis alcanza un punto crítico del cual ya no se puede volver atrás, quizás a esto hacen referencia los orientales cuando nos hablan de “oportunidad”, pero para nosotros los occidentales las crisis solo ponen a prueba nuestra resiliencia, con un poco de imaginación podemos hacernos una idea de ese paraíso, un lugar hermoso donde todo está en equilibrio, un lugar donde el más mínimo error resaltaría como una mancha imborrable, un lugar donde todas las decisiones resultan ser sabías, un lugar donde la armonía está en su justa medida, un lugar donde la libertad es absoluta porque no hay opciones, a la mente esto le suena raro porque ella piensa que la libertad no pasa por ahí, la mente solo entiende la realidad cuando las cosas están fraccionadas, divididas, entre lo bueno o lo malo, lo gordo y lo flaco, lo lindo y lo feo, lo justo y lo injusto, la mente siempre quiere poder elegir —como Neo en la película THE MATRIX que durante un instante siente tener la libertad al alcance de su mano y luego duda de sí mismo—, la mente necesita tener opciones para poder sentirse libre, cuando somos chicos nos explican que un santo es alguien que “no comete pecado”, sí puede equivocarse, pero nunca cometer pecado, por otro lado, cuando nos explican lo que es un sabio nos dicen que es alguien que “nunca se equivoca”, el sabio no lo sabe todo, eso sería imposible, sabio es quien no se equivoca al tomar decisiones, se dice fácil porque parece sencillo, pero es muy raro encontrar una persona “íntegra”, esa que no se fracciona, cuentan que Diógenes salía con su lámpara a plena luz del día para ver si encontraba a algún hombre sincero entre la multitud, el sabio no se equivoca porque no elige, no sucumbe ante el proceso mental de la duda, cuando se “inspira” sabe lo que se tiene que hacer, en mi pueblo cuando alguien se desenvuelve con esa destreza decimos “ese la tiene clara”, la misma claridad que tenía Diógenes con una lámpara a plena luz del día, aunque los que lo veían recorriendo “la plaza” con su lámpara lo menospreciaban, quienes son prudentes antes de tomar decisiones suelen consultarlas con un sabio, aparentemente la humanidad también tuvo una pre adolescencia, una época en la que necesitábamos que nos cuidaran de la misma forma en la que lo hace una madre, como cuando manda a su hijo a bañarse porque este todavía no entiende la importancia de la higiene, esa etapa está representada por Adán cuando todavía estaba solo, no estábamos listos para tomar decisiones, éramos niños muy obedientes, aprendimos a resolver nuestras necesidades como cualquier otra criatura de la naturaleza, los animales se consiguen su propia comida, hacen su propio nido, cueva o madriguera, crían a sus crías, las protegen, las educan, defienden su territorio, coordinan sus ciclos reproductivos, no dependen de nadie; sin embargo, nosotros dependemos de otros para que nos construyan la vivienda, nos confeccionen la ropa, eduquen y cuiden a nuestros hijos, protejan nuestros bienes, cultiven nuestros alimentos y faenen los animales que comemos, mientras tanto en la naturaleza vemos que cada criatura tiene la sapiencia necesaria para lograr satisfacer todas sus necesidades, este estadio de la humanidad está representado por el Adán desnudo, en algún momento la humanidad tiene que empezar a resolver sus necesidades, asumir esa responsabilidad, pasar de la condición adolescente a una situación adulta, ahí es cuando viene Eva a decirle a Adán que se tenía que observar para darse cuenta de que estaba desnudo, hay doctrinas socioeconómicas que sostienen que cada hombre debe de producir al menos el equivalente de los bienes que consume, esto va en concordancia con la famosa sentencia “te ganarás el pan con el sudor de su frente”, un ser humano no debería parasitar a nadie, poco a poco la humanidad formó “la comunidad”, se desarrolló “la cultura”, cada quien se especializó en lo que es su “vocación” y finalmente se gestó una “civilización”, entre todos supimos resolver nuestras necesidades, lo que no podíamos individualmente lo hicimos en comunidad, somos parte integral de la comunidad y sin ella andamos desnudos, podríamos decir que hubo una época en la que la humanidad sentía lo que tenía que hacer y lo hacía, pero nadie sabía por qué lo hacíamos, así viven los “animales”, ellos sienten, no necesitan pensar, es por eso que Eva le presenta a Adán el “Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal”, había llegado el momento de “entender” lo que estábamos haciendo, a fuerza de madurar Adán aprende que el bien y el mal son las consecuencias de nuestras decisiones, por eso dicen que el que no hace tampoco se equivoca, pero Adán no es ningún tibio él vino a este mundo para hacer cosas, nacemos con un conjunto de aptitudes, capacidades, habilidades, destrezas, que son “instintivas”, las llevamos escritas en los genes, también traemos un conocimiento que es “intuitivo”, eso que llamamos corazonadas, el otro conocimiento es el “adquirido”, resultado de la experiencia de tomar decisiones y hacer esas cosas que tenemos que hacer, finalmente está la “verdad”, a la verdad la asociamos con la sabiduría, la sabiduría del sabio no está en saberlo o conocerlo todo, porque como ya vimos eso sería imposible, la sabiduría del sabio está en no equivocarse, por eso Eva le presenta a Adán el árbol de la sabiduría, para que comience a tomar decisiones, para que viva su vida a su manera, para que decida entre el bien y el mal, para que pueda optar entre volverse sabio o no, tenemos libre albedrío, eso quiere decir que nadie nos puede obligar a aceptar la verdad, a la verdad no se la puede mantener cautiva en un libro, por eso Eva junto con el árbol del conocimiento también le presenta a Adán “El Árbol de la Vida”, la verdad es como la justicia, se va expresando en los hechos, nadie nos obliga a ser perfectos, la verdad y el conocimiento son los frutos de ese árbol que es nuestra vida, nadie nos puede imponer la verdad, la sabiduría es algo que tenemos que “tomar” con nuestras propias manos, el verdadero conocimiento depende únicamente de nuestra voluntad, de ahí surgen los “frutos”, por eso dice el dicho “por sus frutos los conoceréis”.
Si tenés que elegir es porque en realidad no tenés libertad, si solo tenés dos opciones y una parece ser mejor que la otra, ahí es cuando la mente empieza a dudar qué sería lo mejor, hacer esto o aquello otro, esa es la famosa dualidad del bien y del mal, de lo correcto y lo incorrecto, ahora, si de todas las opciones que tenés ninguna es buena, es decir que todas conducen a un resultado que no es deseable, ahí es cuando estás en una verdadera crisis y en carne propia te venís a enterar de que eso que dicen los orientales que “detrás de toda crisis hay una oportunidad” no es tan afortunado como parece, a las crisis solo se las supera atravesándolas, se haga lo que se haga el resultado final siempre será determinantemente malo, nunca vamos a escuchar a nadie diciendo “ahhh que buena que estuvo tal crisis…”, por el contrario, es en esa clase de situaciones cuando solemos escuchar decir “esto es un parto”, no porque un parto traiga algo malo o sea algo malo, todo lo contrario, sino porque es algo que inevitablemente todos tenemos que atravesar, en ciertos aspectos al vientre materno se lo puede relacionar con el "Paraíso Terrenal", ese de Adán y Eva, un lugar místico donde todo es belleza y armonía, donde no existe el dolor ni el sufrimiento, donde los ríos manan leche y miel, donde no hace ni frío ni calor, donde no hay que preocuparse por comer ni por la inmundicia de las excreciones, el paraíso es ese “estado” del que todos fuimos expulsados y al que muchos de nosotros quisiéramos poder volver aunque sea por un instante, si bien no estoy calificado para opinar sobre la gestación porque —como diría Rachel Green en el capítulo 14 de la temporada 8 de la serie F·R·I·E·N·D·S— "no uterus, no opinion",  todos pasamos por esa etapa y a la fuerza tuvimos que abandonar la comodidad del vientre materno, toda crisis nos enfrenta a un inevitable cambio de estado, partimos de una situación previa que se volvió insostenible y llegamos a una inevitable situación posterior, la cual se establece como el resultado final de algún proceso, toda crisis alcanza un punto crítico del cual ya no se puede volver atrás, quizás a esto hacen referencia los orientales cuando nos hablan de “oportunidad”, pero para nosotros los occidentales las crisis solo ponen a prueba nuestra resiliencia, con un poco de imaginación podemos hacernos una idea de ese paraíso, un lugar hermoso donde todo está en equilibrio, un lugar donde el más mínimo error resaltaría como una mancha imborrable, un lugar donde todas las decisiones resultan ser sabías, un lugar donde la armonía está en su justa medida, un lugar donde la libertad es absoluta porque no hay opciones, a la mente esto le suena raro porque ella piensa que la libertad no pasa por ahí, la mente solo entiende la realidad cuando las cosas están fraccionadas, divididas, entre lo bueno o lo malo, lo gordo y lo flaco, lo lindo y lo feo, lo justo y lo injusto, la mente siempre quiere poder elegir —como Neo en la película THE MATRIX que durante un instante siente tener la libertad al alcance de su mano y luego duda de sí mismo—, la mente necesita tener opciones para poder sentirse libre, cuando somos chicos nos explican que un santo es alguien que “no comete pecado”, sí puede equivocarse, pero nunca cometer pecado, por otro lado, cuando nos explican lo que es un sabio nos dicen que es alguien que “nunca se equivoca”, el sabio no lo sabe todo, eso sería imposible, sabio es quien no se equivoca al tomar decisiones, se dice fácil porque parece sencillo, pero es muy raro encontrar una persona “íntegra”, esa que no se fracciona, cuentan que Diógenes salía con su lámpara a plena luz del día para ver si encontraba a algún hombre sincero entre la multitud, el sabio no se equivoca porque no elige, no sucumbe ante el proceso mental de la duda, cuando se “inspira” sabe lo que se tiene que hacer, en mi pueblo cuando alguien se desenvuelve con esa destreza decimos “ese la tiene clara”, la misma claridad que tenía Diógenes con una lámpara a plena luz del día, aunque los que lo veían recorriendo “la plaza” con su lámpara lo menospreciaban, quienes son prudentes antes de tomar decisiones suelen consultarlas con un sabio, aparentemente la humanidad también tuvo una pre adolescencia, una época en la que necesitábamos que nos cuidaran de la misma forma en la que lo hace una madre, como cuando manda a su hijo a bañarse porque este todavía no entiende la importancia de la higiene, esa etapa está representada por Adán cuando todavía estaba solo, no estábamos listos para tomar decisiones, éramos niños muy obedientes, aprendimos a resolver nuestras necesidades como cualquier otra criatura de la naturaleza, los animales se consiguen su propia comida, hacen su propio nido, cueva o madriguera, crían a sus crías, las protegen, las educan, defienden su territorio, coordinan sus ciclos reproductivos, no dependen de nadie; sin embargo, nosotros dependemos de otros para que nos construyan la vivienda, nos confeccionen la ropa, eduquen y cuiden a nuestros hijos, protejan nuestros bienes, cultiven nuestros alimentos y faenen los animales que comemos, mientras tanto en la naturaleza vemos que cada criatura tiene la sapiencia necesaria para lograr satisfacer todas sus necesidades, este estadio de la humanidad está representado por el Adán desnudo, en algún momento la humanidad tiene que empezar a resolver sus necesidades, asumir esa responsabilidad, pasar de la condición adolescente a una situación adulta, ahí es cuando viene Eva a decirle a Adán que se tenía que observar para darse cuenta de que estaba desnudo, hay doctrinas socioeconómicas que sostienen que cada hombre debe de producir al menos el equivalente de los bienes que consume, esto va en concordancia con la famosa sentencia “te ganarás el pan con el sudor de su frente”, un ser humano no debería parasitar a nadie, poco a poco la humanidad formó “la comunidad”, se desarrolló “la cultura”, cada quien se especializó en lo que es su “vocación” y finalmente se gestó una “civilización”, entre todos supimos resolver nuestras necesidades, lo que no podíamos individualmente lo hicimos en comunidad, somos parte integral de la comunidad y sin ella andamos desnudos, podríamos decir que hubo una época en la que la humanidad sentía lo que tenía que hacer y lo hacía, pero nadie sabía por qué lo hacíamos, así viven los “animales”, ellos sienten, no necesitan pensar, es por eso que Eva le presenta a Adán el “Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal”, había llegado el momento de “entender” lo que estábamos haciendo, a fuerza de madurar Adán aprende que el bien y el mal son las consecuencias de nuestras decisiones, por eso dicen que el que no hace tampoco se equivoca, pero Adán no es ningún tibio él vino a este mundo para hacer cosas, nacemos con un conjunto de aptitudes, capacidades, habilidades, destrezas, que son “instintivas”, las llevamos escritas en los genes, también traemos un conocimiento que es “intuitivo”, eso que llamamos corazonadas, el otro conocimiento es el “adquirido”, resultado de la experiencia de tomar decisiones y hacer esas cosas que tenemos que hacer, finalmente está la “verdad”, a la verdad la asociamos con la sabiduría, la sabiduría del sabio no está en saberlo o conocerlo todo, porque como ya vimos eso sería imposible, la sabiduría del sabio está en no equivocarse, por eso Eva le presenta a Adán el árbol de la sabiduría, para que comience a tomar decisiones, para que viva su vida a su manera, para que decida entre el bien y el mal, para que pueda optar entre volverse sabio o no, tenemos libre albedrío, eso quiere decir que nadie nos puede obligar a aceptar la verdad, a la verdad no se la puede mantener cautiva en un libro, por eso Eva junto con el árbol del conocimiento también le presenta a Adán “El Árbol de la Vida”, la verdad es como la justicia, se va expresando en los hechos, nadie nos obliga a ser perfectos, la verdad y el conocimiento son los frutos de ese árbol que es nuestra vida, nadie nos puede imponer la verdad, la sabiduría es algo que tenemos que “tomar” con nuestras propias manos, el verdadero conocimiento depende únicamente de nuestra voluntad, de ahí surgen los “frutos”, por eso dice el dicho “por sus frutos los conoceréis”.

16.8.23

El Huevo o La Gallina

Pareciera ser que cuando la verdad no es algo evidente todos tenemos la razón, hay un acertijo que no solo desafía nuestro intelecto también , ¿Qué fue primero el huevo o la gallina? esta pregunta tiene tantas respuestas como personas haya en el mundo y encima todas ellas tienen razón, parece sencillo pero este interrogante desafía hasta al intelecto más filoso, 

y encima le quita la razón a cualquiera, porque sin una prueba cualquier respuesta es valedera, antes de intentar aflojar este nudo vamos a hacer una profunda inhalación y un reflexivo silencio, no intentamos resolver este misterio pero nos vamos a entretener un buen rato dándole unas cuantas vueltas al asunto, 



trae a la rastra una tremenda carga filosófica, con una histórica tan larga que del vamos ya nos condiciona, para poder darle otro contexto analicemos ¿qué es un huevo? y ¿qué es una gallina?, un huevo fecundado contiene todo el material orgánico y genético necesario para desarrollar y dar vida a una perfecta gallina, solo faltaría sumarle la energía del calor de la incubación, por otro lado la gallina contiene todos los órganos y habilidades biológicas necesarias para producir una buena cantidad de huevos, obviamente en algún momento habrá que juntarla con un gallo para que esos huevos sean genéticamente completos, si lo vemos desde un punto de vista informático o computacional, podríamos decir que el huevo representa un "programa genético" el cual al ejecutarse produce como resultado una hermosa gallina, mientras que la gallina puede verse como una "máquina biológica", la cual tiene la función de replicar ese programa genético, y de paso durante los lapsos de tiempo que hay entre ponida y ponida vivir una vida plena de experiencias, ahora bien, en base a esta nueva perspectiva, podemos volver a hacernos la famosa pregunta ya en otros términos, entonces ¿qué fue primero el código genético o la máquina biológica?,

Parece que cuanto más detalladamente lo analizamos más se nos complica el tema, pero sigamos dándole vueltas al asunto del huevo y la gallina, no debería resultarnos tan complicado algo tan cotidiano, son los mismos huevos que consumimos a diario. Dijimos que un huevo tiene todo el material genético necesario, lo que comúnmente denominamos ADN, eso que llamamos el código genético, todo el conocimiento necesario para hacer o confeccionar una gallina. Reconocemos al ADN como un código porque sabemos que porta un conocimiento, una información, es comprensible y se puede interpretar. Entonces, ahora sí, podemos plantear la misma pregunta con un enfoque ya más científico, con términos rimbombantes, ¿el código genético crea organismos para que haya más y variado código genético? o por el contrario ¿los organismos crean código genético para que haya más y variados organismos? En otras palabras:

¿Los huevos crean gallinas para que haya más huevos? 

o por el contrario

¿Las gallinas crean huevos para que haya más gallinas?

Hasta ahora no hemos despejado mucho el panorama, preguntar ¿qué fue primero? es como preguntar ¿qué es más importante?, sin lugar a dudas el conocimiento contenido en el código genético es trascendental, pero no son menos importantes las experiencias que se presentan a lo largo de la vida de una humilde y común gallina, sabemos que los hábitos están condicionados por el código genético pero recíprocamente este último también se ve afectado y llega a ser modificado por los hábitos. Conocimiento innato, impresión genética que condiciona la función, desarrollo y comportamiento, conocimiento adquirido, experiencias que imprimen nuevo conocimiento.

Podríamos seguir reflexionando sobre este tema y encontrar alguna respuesta más o menos satisfactoria, o algún interrogante más interesante, pero ese no es el espíritu de este escrito, por el contrario, lo interesante es indagar y no divagar, dar el espacio para liberar la curiosidad, ejercer el intelecto, experimentar el silencio que encierra la respuesta de la conciencia, lo que finalmente resulta en un verdadero proceso transformativo. Un velo de misterio envuelve a la naturaleza, ella constantemente nos invita a descubrirla y reconocerla en los detalles cotidianos, los cuales no son necesariamente atendidos por nuestros sentidos o nuestro intelecto.

¿Qué es más importante el conocimiento contenido en el inerte huevo o las experiencias vividas por la gallina?

¿Qué fue primero el conocimiento o la experiencia?

La verdadera sabiduría está en el obrar

A lo largo de la historia la humanidad ha tenido muchos grandes maestros, verdaderos sabios que supieron mostrarnos exteriormente estos principios, símbolos que representan la esencia real de lo que hay en nuestro interior, esos sabios han tenido discípulos que han logrado ver dentro de sí mismos lo que se les señalaba exteriormente, esos discípulos luego se convirtieron en apóstoles divulgando las enseñanzas de sus maestros, siempre han sido los discípulos quienes fundaron las escuelas nunca los maestros, así como hay muchas profesiones también hay muchas escuelas y muchos alumnos, cada uno con su particular inquietud, cada uno con su vocación, cada uno con un camino.



Pareciera ser que cuando la verdad no es algo evidente todos tenemos la razón, hay un acertijo que no solo desafía nuestro intelecto también , ¿Qué fue primero el huevo o la gallina? esta pregunta tiene tantas respuestas como personas haya en el mundo y encima todas ellas tienen razón, parece sencillo pero este interrogante desafía hasta al intelecto más filoso, 

y encima le quita la razón a cualquiera, porque sin una prueba cualquier respuesta es valedera, antes de intentar aflojar este nudo vamos a hacer una profunda inhalación y un reflexivo silencio, no intentamos resolver este misterio pero nos vamos a entretener un buen rato dándole unas cuantas vueltas al asunto, 



trae a la rastra una tremenda carga filosófica, con una histórica tan larga que del vamos ya nos condiciona, para poder darle otro contexto analicemos ¿qué es un huevo? y ¿qué es una gallina?, un huevo fecundado contiene todo el material orgánico y genético necesario para desarrollar y dar vida a una perfecta gallina, solo faltaría sumarle la energía del calor de la incubación, por otro lado la gallina contiene todos los órganos y habilidades biológicas necesarias para producir una buena cantidad de huevos, obviamente en algún momento habrá que juntarla con un gallo para que esos huevos sean genéticamente completos, si lo vemos desde un punto de vista informático o computacional, podríamos decir que el huevo representa un "programa genético" el cual al ejecutarse produce como resultado una hermosa gallina, mientras que la gallina puede verse como una "máquina biológica", la cual tiene la función de replicar ese programa genético, y de paso durante los lapsos de tiempo que hay entre ponida y ponida vivir una vida plena de experiencias, ahora bien, en base a esta nueva perspectiva, podemos volver a hacernos la famosa pregunta ya en otros términos, entonces ¿qué fue primero el código genético o la máquina biológica?,

Parece que cuanto más detalladamente lo analizamos más se nos complica el tema, pero sigamos dándole vueltas al asunto del huevo y la gallina, no debería resultarnos tan complicado algo tan cotidiano, son los mismos huevos que consumimos a diario. Dijimos que un huevo tiene todo el material genético necesario, lo que comúnmente denominamos ADN, eso que llamamos el código genético, todo el conocimiento necesario para hacer o confeccionar una gallina. Reconocemos al ADN como un código porque sabemos que porta un conocimiento, una información, es comprensible y se puede interpretar. Entonces, ahora sí, podemos plantear la misma pregunta con un enfoque ya más científico, con términos rimbombantes, ¿el código genético crea organismos para que haya más y variado código genético? o por el contrario ¿los organismos crean código genético para que haya más y variados organismos? En otras palabras:

¿Los huevos crean gallinas para que haya más huevos? 

o por el contrario

¿Las gallinas crean huevos para que haya más gallinas?

Hasta ahora no hemos despejado mucho el panorama, preguntar ¿qué fue primero? es como preguntar ¿qué es más importante?, sin lugar a dudas el conocimiento contenido en el código genético es trascendental, pero no son menos importantes las experiencias que se presentan a lo largo de la vida de una humilde y común gallina, sabemos que los hábitos están condicionados por el código genético pero recíprocamente este último también se ve afectado y llega a ser modificado por los hábitos. Conocimiento innato, impresión genética que condiciona la función, desarrollo y comportamiento, conocimiento adquirido, experiencias que imprimen nuevo conocimiento.

Podríamos seguir reflexionando sobre este tema y encontrar alguna respuesta más o menos satisfactoria, o algún interrogante más interesante, pero ese no es el espíritu de este escrito, por el contrario, lo interesante es indagar y no divagar, dar el espacio para liberar la curiosidad, ejercer el intelecto, experimentar el silencio que encierra la respuesta de la conciencia, lo que finalmente resulta en un verdadero proceso transformativo. Un velo de misterio envuelve a la naturaleza, ella constantemente nos invita a descubrirla y reconocerla en los detalles cotidianos, los cuales no son necesariamente atendidos por nuestros sentidos o nuestro intelecto.

¿Qué es más importante el conocimiento contenido en el inerte huevo o las experiencias vividas por la gallina?

¿Qué fue primero el conocimiento o la experiencia?

La verdadera sabiduría está en el obrar

A lo largo de la historia la humanidad ha tenido muchos grandes maestros, verdaderos sabios que supieron mostrarnos exteriormente estos principios, símbolos que representan la esencia real de lo que hay en nuestro interior, esos sabios han tenido discípulos que han logrado ver dentro de sí mismos lo que se les señalaba exteriormente, esos discípulos luego se convirtieron en apóstoles divulgando las enseñanzas de sus maestros, siempre han sido los discípulos quienes fundaron las escuelas nunca los maestros, así como hay muchas profesiones también hay muchas escuelas y muchos alumnos, cada uno con su particular inquietud, cada uno con su vocación, cada uno con un camino.



Agnóstico

Esotérico es todo aquello que no es evidenciable con los cinco sentidos, cuando vamos al médico muchas veces solicita que nos hagamos estudios, análisis clínicos, radiografías, análisis de sangre, etc, luego nos hace el diagnóstico, 

. Aquí nos encontramos con el primer obstáculo para alcanzar eso que se denomina conocimiento esotérico, hace falta un sentido que nos brinde información sobre el objeto a estudiar. Así  como un biólogo, o bioquímico, utiliza un microscopio como herramienta para ampliar su sentido de la vista, igualmente no solo es requerido un sentido extra, sino que además, una vez conseguido este, es necesario mejorarlo, enfocarlo, agudizarlo, ampliarlo, sensibilizarlo. En la agudeza de la observación y experimentación se fundamenta la ciencia mas pura.

El método científico establece las pautas para que todo individuo pueda verifica cualquier descubrimiento, concepto, conclusión, estudio, investigación, afirmación, etc., bajo circunstancias idénticas o similares en diferentes lugares del planeta.

Este es el motivo por el cual no se habla de una ciencia esotérica, se puede hablar de una experiencia esotérica pero cómo repetir la experiencia o experimento esotérico para que otros puedan verificarlo.

Volvamos al ejemplo de la telepatía, para que sea una ciencia varios individuos deberían poder leer los pensamientos de una persona al mismo tiempo, para poder cotejar los resultados y verificar que todos pudieron saber que estaba pensando.

De este modo en esoterismo quien entrega una enseñanza (una verdad) debe dar las claves o métodos para poder verificarla "científicamente", para que no sea un mero concepto, un pensamiento, una teoría; así otros investigadores podrán recrear la experiencia y sacar sus propias conclusiones. 
Esotérico es todo aquello que no es evidenciable con los cinco sentidos, cuando vamos al médico muchas veces solicita que nos hagamos estudios, análisis clínicos, radiografías, análisis de sangre, etc, luego nos hace el diagnóstico, 

. Aquí nos encontramos con el primer obstáculo para alcanzar eso que se denomina conocimiento esotérico, hace falta un sentido que nos brinde información sobre el objeto a estudiar. Así  como un biólogo, o bioquímico, utiliza un microscopio como herramienta para ampliar su sentido de la vista, igualmente no solo es requerido un sentido extra, sino que además, una vez conseguido este, es necesario mejorarlo, enfocarlo, agudizarlo, ampliarlo, sensibilizarlo. En la agudeza de la observación y experimentación se fundamenta la ciencia mas pura.

El método científico establece las pautas para que todo individuo pueda verifica cualquier descubrimiento, concepto, conclusión, estudio, investigación, afirmación, etc., bajo circunstancias idénticas o similares en diferentes lugares del planeta.

Este es el motivo por el cual no se habla de una ciencia esotérica, se puede hablar de una experiencia esotérica pero cómo repetir la experiencia o experimento esotérico para que otros puedan verificarlo.

Volvamos al ejemplo de la telepatía, para que sea una ciencia varios individuos deberían poder leer los pensamientos de una persona al mismo tiempo, para poder cotejar los resultados y verificar que todos pudieron saber que estaba pensando.

De este modo en esoterismo quien entrega una enseñanza (una verdad) debe dar las claves o métodos para poder verificarla "científicamente", para que no sea un mero concepto, un pensamiento, una teoría; así otros investigadores podrán recrear la experiencia y sacar sus propias conclusiones. 

14.8.23

Cuatro Elementos

La Rosa es el símbolo de la alquimia, tiene sus raíces firmes en el “elemento tierra” para que, cada vez que la lluvia traiga el “elemento agua”, allí se forme un nutritivo lodo de donde poder beber todos los minerales que necesita, sus hojas respiran el dióxido de carbono del “elemento aire” y también capturan el “elemento fuego”, calor en la luz infrarroja, energía en la luz ultravioleta, para generar en la fotosíntesis una energía química que será su alimento, lentamente los cuatro elementos tierra, agua, aire y fuego ascienden por el tallo, allí se orquesta la ciencia de todas las ciencias, la transformación alquímica, sus glándulas y órganos son sutiles laboratorios que convierten esa materia prima, los “cuatro elementos”, en una esencia de maravilloso aroma, no es casualidad que a la Rosa se la llame la reina de las flores, su perfume no guarda relación alguna con ninguno de esos cuatro elementos que la nutren, su aroma es un “quinto elemento”, el cual no existiría si no fuera gracias a esa maestría que solo ella domina, esa es su magia y generosamente se la ofrece al mundo, así de sublime es el oro de la alquimia, no es algo grosero, es como un delicado perfume que está en el aire solo para quien quiera percibirlo.

La Rosa es el símbolo de la alquimia, tiene sus raíces firmes en el “elemento tierra” para que, cada vez que la lluvia traiga el “elemento agua”, allí se forme un nutritivo lodo de donde poder beber todos los minerales que necesita, sus hojas respiran el dióxido de carbono del “elemento aire” y también capturan el “elemento fuego”, calor en la luz infrarroja, energía en la luz ultravioleta, para generar en la fotosíntesis una energía química que será su alimento, lentamente los cuatro elementos tierra, agua, aire y fuego ascienden por el tallo, allí se orquesta la ciencia de todas las ciencias, la transformación alquímica, sus glándulas y órganos son sutiles laboratorios que convierten esa materia prima, los “cuatro elementos”, en una esencia de maravilloso aroma, no es casualidad que a la Rosa se la llame la reina de las flores, su perfume no guarda relación alguna con ninguno de esos cuatro elementos que la nutren, su aroma es un “quinto elemento”, el cual no existiría si no fuera gracias a esa maestría que solo ella domina, esa es su magia y generosamente se la ofrece al mundo, así de sublime es el oro de la alquimia, no es algo grosero, es como un delicado perfume que está en el aire solo para quien quiera percibirlo.

19.2.14

La Flor Nocturna

La noche es como un mar en calma,
dicha y pena y lamentos de amor
se acercan de manera tan confusa
en la suave oleada.

Los deseos son como las nubes,
navegan por los espacios silenciosos,
¿Quién reconoce en el ligero viento
si son sueños o pensamientos? -

Aunque cierre boca y corazón,
que tan gustosos a las estrellas se lamentan:
callada en el fondo del alma
queda la suave oleada.
La noche es como un mar en calma,
dicha y pena y lamentos de amor
se acercan de manera tan confusa
en la suave oleada.

Los deseos son como las nubes,
navegan por los espacios silenciosos,
¿Quién reconoce en el ligero viento
si son sueños o pensamientos? -

Aunque cierre boca y corazón,
que tan gustosos a las estrellas se lamentan:
callada en el fondo del alma
queda la suave oleada.

23.8.12

Conocimiento Esotérico

Para Schopenhauer la física solo es capaz de ofrecernos explicaciones etiológicas, lo que Immanuel Kant llamaría el “mundo fenoménico”, es decir, aquellas que se refieren a las causas y sus efectos, esos son los dos famosos personajes del cuento de Newton y su manzana, la causa es la gravedad y el efecto es la caída de la manzana, Newton pensó que la gravedad era una fuerza que atrae entre sí a los objetos que tienen masa, hoy sabemos que la gravedad no es una fuerza, sino que es la curvatura del espacio—tiempo causada por la masa de los objetos; sin embargo, más allá de todas las explicaciones que nos ofrece la física no conseguimos ni la menor aclaración sobre la “esencia íntima” de cada uno de esos fenómenos, esa esencia es lo que Schopenhauer denomina la “fuerza de la naturaleza” y radica fuera del dominio de la explicación etiológica, más allá del fenómeno, de sus causas, de sus efectos y de las leyes que lo rigen; causa y efecto son las dos caras de una misma moneda, causa y efecto son lo que Schopenhauer denomina las “leyes de la naturaleza”, empero, la fuerza que en ellas se manifiesta, la esencia íntima de los fenómenos que se comportan conforme a estas leyes, sigue evadiendo toda explicación “científica”; durante la década del ‘60 la agencia espacial de los Estados Unidos envió misiones de exploración hacia los planetas Marte, Venus y Mercurio, el programa Mariner, uno de los objetivos de las sondas era determinar si había vida en Marte, para esto le solicitaron al científico James Lovelock que diseñe algún artefacto que permitiera detectar la presencia de vida en Marte, durante las investigaciones de este desarrollo Lovelock descubrió que la salinidad de los océanos de la Tierra se ha mantenido invariable durante miles y millones de años, se dio cuenta de que si la salinidad aumenta o disminuye, aunque sea levemente, toda la vida de los océanos se perdería y con ella la vida del resto del planeta, Lovelock entendía cuáles podrían llegar a ser los mecanismos que regulasen el nivel de sal en los océanos, sus causas y sus efectos, pero por más que se esforzó, nunca pudo descubrir la esencia de ese mecanismo, cómo es que la naturaleza hace para mensurar, evaluar y regular ese vital equilibrio; a fines del siglo XVII Newton comprendió la trascendencia de la ley de gravedad, se dio cuenta de que no solo rige la caída de una manzana, sino que también rige el movimiento de los planetas, entendió perfectamente la mecánica detrás de la dinámica de los astros, pero no pudo explicar su esencia, ¿cuál sería el “destino” de un planeta sin una órbita?, ¿cuál es la fuerza que mantiene ese perfecto equilibrio?, si la órbita del planeta se acerca levemente hacia el Sol nos cocinaríamos, sí, por el contrario, se alejase del Sol nos congelaríamos; la vida en el planeta depende de muchos factores, serían infinitos de nombrar los aspectos que se tienen que equilibrar para que la vida pueda continuar inmutable su curso, conocemos las leyes que rigen estos fenómenos, sus orígenes, sus causas y sus efectos, pero todavía no conocemos la esencia de estos mecanismos ni las fuerzas que logran mantenerlos en equilibrio durante tantos miles y millones de años, a esos fenómenos que rigen el equilibrio Schopenhauer los identifica como las fuerzas que actúan en la Naturaleza, fuerzas que adoptan aspectos y nombres diversos (gravedad, magnetismo, electricidad, estímulo, motivo) en sus manifestaciones fenoménicas, pero que en sí son una única e idéntica fuerza, “la voluntad de vivir”, la esencia del mundo es voluntad, para Schopenhauer la voluntad de vivir es la que equilibra las fuerzas interiores y las leyes exteriores; aunque todavía no logramos captar lo trascendental, eso que se esconde detrás de todos los fenómenos que nos rodean, sí podemos ver la manifestación de eso que Schopenhauer llama la voluntad de vivir, esa armonía eterna que mantiene en equilibrio a la naturaleza.
Para Schopenhauer la física solo es capaz de ofrecernos explicaciones etiológicas, lo que Immanuel Kant llamaría el “mundo fenoménico”, es decir, aquellas que se refieren a las causas y sus efectos, esos son los dos famosos personajes del cuento de Newton y su manzana, la causa es la gravedad y el efecto es la caída de la manzana, Newton pensó que la gravedad era una fuerza que atrae entre sí a los objetos que tienen masa, hoy sabemos que la gravedad no es una fuerza, sino que es la curvatura del espacio—tiempo causada por la masa de los objetos; sin embargo, más allá de todas las explicaciones que nos ofrece la física no conseguimos ni la menor aclaración sobre la “esencia íntima” de cada uno de esos fenómenos, esa esencia es lo que Schopenhauer denomina la “fuerza de la naturaleza” y radica fuera del dominio de la explicación etiológica, más allá del fenómeno, de sus causas, de sus efectos y de las leyes que lo rigen; causa y efecto son las dos caras de una misma moneda, causa y efecto son lo que Schopenhauer denomina las “leyes de la naturaleza”, empero, la fuerza que en ellas se manifiesta, la esencia íntima de los fenómenos que se comportan conforme a estas leyes, sigue evadiendo toda explicación “científica”; durante la década del ‘60 la agencia espacial de los Estados Unidos envió misiones de exploración hacia los planetas Marte, Venus y Mercurio, el programa Mariner, uno de los objetivos de las sondas era determinar si había vida en Marte, para esto le solicitaron al científico James Lovelock que diseñe algún artefacto que permitiera detectar la presencia de vida en Marte, durante las investigaciones de este desarrollo Lovelock descubrió que la salinidad de los océanos de la Tierra se ha mantenido invariable durante miles y millones de años, se dio cuenta de que si la salinidad aumenta o disminuye, aunque sea levemente, toda la vida de los océanos se perdería y con ella la vida del resto del planeta, Lovelock entendía cuáles podrían llegar a ser los mecanismos que regulasen el nivel de sal en los océanos, sus causas y sus efectos, pero por más que se esforzó, nunca pudo descubrir la esencia de ese mecanismo, cómo es que la naturaleza hace para mensurar, evaluar y regular ese vital equilibrio; a fines del siglo XVII Newton comprendió la trascendencia de la ley de gravedad, se dio cuenta de que no solo rige la caída de una manzana, sino que también rige el movimiento de los planetas, entendió perfectamente la mecánica detrás de la dinámica de los astros, pero no pudo explicar su esencia, ¿cuál sería el “destino” de un planeta sin una órbita?, ¿cuál es la fuerza que mantiene ese perfecto equilibrio?, si la órbita del planeta se acerca levemente hacia el Sol nos cocinaríamos, sí, por el contrario, se alejase del Sol nos congelaríamos; la vida en el planeta depende de muchos factores, serían infinitos de nombrar los aspectos que se tienen que equilibrar para que la vida pueda continuar inmutable su curso, conocemos las leyes que rigen estos fenómenos, sus orígenes, sus causas y sus efectos, pero todavía no conocemos la esencia de estos mecanismos ni las fuerzas que logran mantenerlos en equilibrio durante tantos miles y millones de años, a esos fenómenos que rigen el equilibrio Schopenhauer los identifica como las fuerzas que actúan en la Naturaleza, fuerzas que adoptan aspectos y nombres diversos (gravedad, magnetismo, electricidad, estímulo, motivo) en sus manifestaciones fenoménicas, pero que en sí son una única e idéntica fuerza, “la voluntad de vivir”, la esencia del mundo es voluntad, para Schopenhauer la voluntad de vivir es la que equilibra las fuerzas interiores y las leyes exteriores; aunque todavía no logramos captar lo trascendental, eso que se esconde detrás de todos los fenómenos que nos rodean, sí podemos ver la manifestación de eso que Schopenhauer llama la voluntad de vivir, esa armonía eterna que mantiene en equilibrio a la naturaleza.

8.7.12

Cuatro Alimentos

Cuatro Estados de la Materia

Los alquimistas nos hablan de cuatro alimentos sin los cuales sería imposible convertir el plomo en oro, el alimento tierra, el alimento agua, el alimento aire y el alimento fuego; el “alimento tierra” está en todo lo que comemos y tiene sabor, tiene olor, tiene color, se lo puede tocar, obviamente lo podemos ver y si es crujiente también hace ruido, por lo general lo consumimos con tenedor y cuchillo, pero una sopa bien espesa también entraría dentro de esta categoría, el alimento tierra impacta en nuestros 5 sentidos, el “alimento agua” no es ni más ni menos que esa misma agua que bebemos a diario, la podemos ver, la podemos tocar, la escuchamos cuando llueve, pero no tiene gusto ni tiene olor, impacta en 3 de los 5 sentidos, el “alimento aire” es el que estamos respirando en este preciso instante, no lo podemos ver, no tiene gusto, tampoco tiene olor, pero si el viento sopla fuerte lo podemos escuchar y si movemos los brazos lo podemos tocar, solo impacta en 2 de nuestros sentidos, finalmente nos queda el “alimento fuego”, al cual ignoramos por completo como alimento, porque no identificamos la trascendencia que tiene como tal, el alimento fuego son nuestros 5 sentidos en sí, está compuesto por todo lo que percibimos, el frío, el calor, la presión, la temperatura, la humedad, la gravedad, el sonido, la luz, los colores, los olores, los sabores, las texturas, las sensaciones, etc., nos cuesta entender que los sentidos son un alimento porque no prestamos atención a las relaciones que producen en nuestro interior, si alguien nos da una buena noticia nos “energizamos”, nos alegramos, por el contrario, si algo nos deprime nos “apagamos”, la música que nos gusta nos activa, nos pone en movimiento, la sintonizamos, mientras que una música que no nos gusta nos altera, nos molesta, la evitamos, hay personas que necesitan estímulos más groseros, mientras que otras están bien con detalles más sutiles, esto es mucho más profundo, pero con esos ejemplos ya nos podemos hacer una somera idea de por qué decimos que lo que percibimos con los sentidos también es un alimento que nos da energía, o caso contrario nos la quita, casi que nos indigesta, es como que nos contamina; si lo analizamos, desde un punto de vista diríamos más “científico”, veríamos que hay una directa relación entre los cuatro estados de agregación de la materia—energía y nuestros cinco sentidos, cuanto más grosero es el elemento, más sentidos físicos lo pueden captar, cuanto más sutil es el elemento, menos de nuestros sentidos lo perciben; los alquimistas dan trascendental importancia a los cuatro elementos porque justamente se relacionan directamente con los cuatro estados de la materia, con los cuatro alimentos y con los cinco sentidos, los elementos son en sí nuestros alimentos y los alimentos son nuestra energía; la naturaleza puede conservar parte de la energía que obtiene del Sol, para eso utiliza los hidrocarburos, carbón, petróleo y gas, sólido, líquido y gaseoso respectivamente, cuanto más ligero es el combustible más rápidamente se puede liberar su energía, de la misma forma cuanto más sutil es el alimento, más rápidamente podemos extraerle energía; sin comida podemos estar un par de semanas, alimento sólido, elemento tierra, sin agua podemos estar un par de días, alimento líquido, elemento agua, sin respirar podemos estar un par de minutos, alimento gaseoso, elemento aire, sin recibir impresiones no podemos estar ni un instante, alimento sensitivo, elemento fuego, para nuestro cerebro dejar de recibir impulsos sería lo mismo que la muerte, a tal punto depende de los impulsos que si no los recibe se los inventa él mismo, como cuando estamos durmiendo que vemos y escuchamos cosas; nuestros sentidos pueden percibir diferentes formas de onda, nuestra piel percibe las ondas de la luz infrarroja en forma de “calor”, con los ojos percibimos las diferentes frecuencias de onda de la luz blanca a modo de “colores”, con los oídos percibimos las ondas producidas por las variaciones de presión en el aire como “sonido”, el tacto por su parte también tiene propiedades electromagnéticas que nos permiten sentir la presión, la gravedad, el frío, el calor, distinguir diferentes materiales y texturas, el olfato y el gusto reaccionan químicamente a los olores y sabores; los alquimistas nos enseñan que los cuatro elementos de la naturaleza en realidad son los alimentos que consumimos a diario, esos que nos dan “energía”, y es con esa energía vital con la que podemos convertir el plomo en oro.
Cuatro Estados de la Materia

Los alquimistas nos hablan de cuatro alimentos sin los cuales sería imposible convertir el plomo en oro, el alimento tierra, el alimento agua, el alimento aire y el alimento fuego; el “alimento tierra” está en todo lo que comemos y tiene sabor, tiene olor, tiene color, se lo puede tocar, obviamente lo podemos ver y si es crujiente también hace ruido, por lo general lo consumimos con tenedor y cuchillo, pero una sopa bien espesa también entraría dentro de esta categoría, el alimento tierra impacta en nuestros 5 sentidos, el “alimento agua” no es ni más ni menos que esa misma agua que bebemos a diario, la podemos ver, la podemos tocar, la escuchamos cuando llueve, pero no tiene gusto ni tiene olor, impacta en 3 de los 5 sentidos, el “alimento aire” es el que estamos respirando en este preciso instante, no lo podemos ver, no tiene gusto, tampoco tiene olor, pero si el viento sopla fuerte lo podemos escuchar y si movemos los brazos lo podemos tocar, solo impacta en 2 de nuestros sentidos, finalmente nos queda el “alimento fuego”, al cual ignoramos por completo como alimento, porque no identificamos la trascendencia que tiene como tal, el alimento fuego son nuestros 5 sentidos en sí, está compuesto por todo lo que percibimos, el frío, el calor, la presión, la temperatura, la humedad, la gravedad, el sonido, la luz, los colores, los olores, los sabores, las texturas, las sensaciones, etc., nos cuesta entender que los sentidos son un alimento porque no prestamos atención a las relaciones que producen en nuestro interior, si alguien nos da una buena noticia nos “energizamos”, nos alegramos, por el contrario, si algo nos deprime nos “apagamos”, la música que nos gusta nos activa, nos pone en movimiento, la sintonizamos, mientras que una música que no nos gusta nos altera, nos molesta, la evitamos, hay personas que necesitan estímulos más groseros, mientras que otras están bien con detalles más sutiles, esto es mucho más profundo, pero con esos ejemplos ya nos podemos hacer una somera idea de por qué decimos que lo que percibimos con los sentidos también es un alimento que nos da energía, o caso contrario nos la quita, casi que nos indigesta, es como que nos contamina; si lo analizamos, desde un punto de vista diríamos más “científico”, veríamos que hay una directa relación entre los cuatro estados de agregación de la materia—energía y nuestros cinco sentidos, cuanto más grosero es el elemento, más sentidos físicos lo pueden captar, cuanto más sutil es el elemento, menos de nuestros sentidos lo perciben; los alquimistas dan trascendental importancia a los cuatro elementos porque justamente se relacionan directamente con los cuatro estados de la materia, con los cuatro alimentos y con los cinco sentidos, los elementos son en sí nuestros alimentos y los alimentos son nuestra energía; la naturaleza puede conservar parte de la energía que obtiene del Sol, para eso utiliza los hidrocarburos, carbón, petróleo y gas, sólido, líquido y gaseoso respectivamente, cuanto más ligero es el combustible más rápidamente se puede liberar su energía, de la misma forma cuanto más sutil es el alimento, más rápidamente podemos extraerle energía; sin comida podemos estar un par de semanas, alimento sólido, elemento tierra, sin agua podemos estar un par de días, alimento líquido, elemento agua, sin respirar podemos estar un par de minutos, alimento gaseoso, elemento aire, sin recibir impresiones no podemos estar ni un instante, alimento sensitivo, elemento fuego, para nuestro cerebro dejar de recibir impulsos sería lo mismo que la muerte, a tal punto depende de los impulsos que si no los recibe se los inventa él mismo, como cuando estamos durmiendo que vemos y escuchamos cosas; nuestros sentidos pueden percibir diferentes formas de onda, nuestra piel percibe las ondas de la luz infrarroja en forma de “calor”, con los ojos percibimos las diferentes frecuencias de onda de la luz blanca a modo de “colores”, con los oídos percibimos las ondas producidas por las variaciones de presión en el aire como “sonido”, el tacto por su parte también tiene propiedades electromagnéticas que nos permiten sentir la presión, la gravedad, el frío, el calor, distinguir diferentes materiales y texturas, el olfato y el gusto reaccionan químicamente a los olores y sabores; los alquimistas nos enseñan que los cuatro elementos de la naturaleza en realidad son los alimentos que consumimos a diario, esos que nos dan “energía”, y es con esa energía vital con la que podemos convertir el plomo en oro.