22.8.23

Camino Iniciático

El camino iniciático es extremadamente solitario, tanto así que el único lugar donde se lo puede transitar es en el desierto, pero no en uno cualquiera, un desierto enorme, tan grande que para atravesarlo al pueblo de Is-Ra-El le costó estar vagando durante no menos de 40 años, el desierto tiene una magia que nos expone a las más terribles realidades de la vida, por empezar nos enfrenta al hecho de que "no tenemos vida", a nosotros nos gusta pensar que tenemos vida, que somos dueños de nuestra vida, que con nuestra vida hacemos lo que queremos, pero la vida no es algo que se pueda cargar fácilmente en una mochila y justamente eso es lo primero que nos enseña el desierto, que no somos dueños de la vida, en el desierto no hay canillas de donde podamos llenar la cantimplora, para su fortuna el pueblo de Is-Ra-El lo tenía a Moisés que con su serpiente enroscada en una vara hacía brotar agua de las piedras, pero la vida no solo está en el agua, la vida está en todas las energías que fluyen a través nuestro, la vida ingresa a nosotros cada vez que inhalamos aire y se va cuando exhalamos, ingresa cada vez que bebemos agua y se va cuando orinamos, ingresa cuando comemos alimento y se va cuando defecamos, la vida está en los alimentos y nosotros consumimos alimento sólido, líquido y gaseoso, podemos sobrevivir varias semanas sin consumir alimento sólido, podemos sobrevivir varios días sin beber agua y solo podemos vivir unos minutos sin respirar, cuanto más sutil es el alimento con mayor frecuencia es que lo necesitamos, podríamos decir que el sustento de nuestra vida biológica está en la energía que nos brindan los alimentos, como dicen en mi tierra "un buen plato de comida es un día más de vida", lamentablemente no podemos generar la energía que necesitamos ni tampoco podemos hacer una reserva abundante de la energía que ingerimos, es por eso que decimos que no tenemos vida, es todo lo contrario "la vida nos tiene a nosotros", somos como peces dentro del elemento vital y al igual que los peces si nos sacan del elemento nos morimos, la ciencia explica que la vida es un proceso metabólico, justamente eso es lo primero que nos enseña el desierto, que la vida es un equilibrio de energías que fluye a través de los organismos, un intercambio permanente entre el interior y el exterior, todos sabemos perfectamente lo que es el desierto porque bien podemos reconocer dónde hay vida y dónde no la hay, eso es lo fácil, ahí donde no hay ni plantas ni animales hay un desierto, practicamente cualquier persona nos puede orientar o poner en algún sendero que nos lleve hasta el umbral de un desierto, de ahí en adelante ya no hay más sendero porque ya no hay señales, en un verdadero desierto no hay caminos, por ahí no anda nadie, un camino son dos límites, tan simple como eso, un límite a la izquierda y otro a la derecha, mientras nos mantenemos transitando dentro de esos límites sabemos que vamos a llegar a algún lugar, no importa si vamos en un sentido o en otro, todo sendero tiene un destino y sabemos que alguien previamente ya lo transitó, vemos el rastro que quedó en el suelo de todos aquellos que han pasado por ahí, no nos podemos perder, pero el desierto tiene una magia que borra todas las huellas, el desierto se conserva virgen, no deja ningún rastro de aquellos que lo han atravesado, envuelto por el vacío del desierto cualquier caminante fácilmente se desorienta, se mire para donde se mire es todo más de lo mismo, es como estar en el medio de un océano, no hay ninguna referencia, pero eso no es problema para el iniciado porque las noches en el desierto son de ensueño y si presta especial atención verá que los astros lo están guiando, la vida tiene un destino innegable, nacer, crecer, quizás hacer algo en el medio, envejecer y morir, pero el desierto tiene esa magia que le imprime una urgencia a ese destino, quien desafía al desierto en realidad desafía a la muerte misma, cuando el caminante se da cuenta que lleva 40 años de su vida transitando por un desierto, sin agua, y que no importa los planes que tenga, o hacia dónde se oriente su vida, la salida siempre será la misma, el desierto tiene esa magia que cuestiona nuestra realidad, ahí es cuando el caminante comprende por qué está metido en ese camino, el desierto nos ayuda a "interrumpir" la vida a voluntad, nos ayuda a detenernos un instante a reflexionar, a sentarse a meditar, a resolver las preguntas existenciales que todo amante de la sabiduría debe hacerse, ¿qué sentido tiene todo esto?, una filosofía que cuestiona la mecánica misma de la vida, en algún sentido el desierto es como la gravedad, que nos atrapa y solo nos podemos escapar cuando estamos soñando, en los sueños podemos volar, el desierto tiene esa magia que nos ayuda a aislarnos de las distracciones del mundo exterior, ese mundo que nos quema, que nos consume, que nos agobia, con situaciones que gota a gota van drenando nuestra vida, el agua que hace brotar Moisés de la roca está dentro de cada una de las personas que transitan con él el desierto, un corazón insensible es duro como una roca, parece muerto, no tiene vida, el camino iniciático nos conduce hacia ese manantial de vida que nos permite atravesar el fuego de la verdad sin quemarnos, del corazón brota el agua que necesitamos para superar el desierto que separa este mundo exterior que nos consume de ese mundo interior que nos da vida.