Si tenés que elegir es porque en realidad no tenés libertad, si solo tenés dos opciones y una parece ser mejor que la otra, ahí es cuando la mente empieza a dudar qué sería lo mejor, hacer esto o aquello otro, esa es la famosa dualidad del bien y del mal, de lo correcto y lo incorrecto, ahora, si de todas las opciones que tenés ninguna es buena, es decir que todas conducen a un resultado que no es deseable, ahí es cuando estás en una verdadera crisis y en carne propia te venís a enterar de que eso que dicen los orientales que “detrás de toda crisis hay una oportunidad” no es tan afortunado como parece, a las crisis solo se las supera atravesándolas, se haga lo que se haga el resultado final siempre será determinantemente malo, nunca vamos a escuchar a nadie diciendo “ahhh que buena que estuvo tal crisis…”, por el contrario, es en esa clase de situaciones cuando solemos escuchar decir “esto es un parto”, no porque un parto traiga algo malo o sea algo malo, todo lo contrario, sino porque es algo que inevitablemente todos tenemos que atravesar, en ciertos aspectos al vientre materno se lo puede relacionar con el "Paraíso Terrenal", ese de Adán y Eva, un lugar místico donde todo es belleza y armonía, donde no existe el dolor ni el sufrimiento, donde los ríos manan leche y miel, donde no hace ni frío ni calor, donde no hay que preocuparse por comer ni por la inmundicia de las excreciones, el paraíso es ese “estado” del que todos fuimos expulsados y al que muchos de nosotros quisiéramos poder volver aunque sea por un instante, si bien no estoy calificado para opinar sobre la gestación porque —como diría Rachel Green en el capítulo 14 de la temporada 8 de la serie F·R·I·E·N·D·S— "no uterus, no opinion", todos pasamos por esa etapa y a la fuerza tuvimos que abandonar la comodidad del vientre materno, toda crisis nos enfrenta a un inevitable cambio de estado, partimos de una situación previa que se volvió insostenible y llegamos a una inevitable situación posterior, la cual se establece como el resultado final de algún proceso, toda crisis alcanza un punto crítico del cual ya no se puede volver atrás, quizás a esto hacen referencia los orientales cuando nos hablan de “oportunidad”, pero para nosotros los occidentales las crisis solo ponen a prueba nuestra resiliencia, con un poco de imaginación podemos hacernos una idea de ese paraíso, un lugar hermoso donde todo está en equilibrio, un lugar donde el más mínimo error resaltaría como una mancha imborrable, un lugar donde todas las decisiones resultan ser sabías, un lugar donde la armonía está en su justa medida, un lugar donde la libertad es absoluta porque no hay opciones, a la mente esto le suena raro porque ella piensa que la libertad no pasa por ahí, la mente solo entiende la realidad cuando las cosas están fraccionadas, divididas, entre lo bueno o lo malo, lo gordo y lo flaco, lo lindo y lo feo, lo justo y lo injusto, la mente siempre quiere poder elegir —como Neo en la película THE MATRIX que durante un instante siente tener la libertad al alcance de su mano y luego duda de sí mismo—, la mente necesita tener opciones para poder sentirse libre, cuando somos chicos nos explican que un santo es alguien que “no comete pecado”, sí puede equivocarse, pero nunca cometer pecado, por otro lado, cuando nos explican lo que es un sabio nos dicen que es alguien que “nunca se equivoca”, el sabio no lo sabe todo, eso sería imposible, sabio es quien no se equivoca al tomar decisiones, se dice fácil porque parece sencillo, pero es muy raro encontrar una persona “íntegra”, esa que no se fracciona, cuentan que Diógenes salía con su lámpara a plena luz del día para ver si encontraba a algún hombre sincero entre la multitud, el sabio no se equivoca porque no elige, no sucumbe ante el proceso mental de la duda, cuando se “inspira” sabe lo que se tiene que hacer, en mi pueblo cuando alguien se desenvuelve con esa destreza decimos “ese la tiene clara”, la misma claridad que tenía Diógenes con una lámpara a plena luz del día, aunque los que lo veían recorriendo “la plaza” con su lámpara lo menospreciaban, quienes son prudentes antes de tomar decisiones suelen consultarlas con un sabio, aparentemente la humanidad también tuvo una pre adolescencia, una época en la que necesitábamos que nos cuidaran de la misma forma en la que lo hace una madre, como cuando manda a su hijo a bañarse porque este todavía no entiende la importancia de la higiene, esa etapa está representada por Adán cuando todavía estaba solo, no estábamos listos para tomar decisiones, éramos niños muy obedientes, aprendimos a resolver nuestras necesidades como cualquier otra criatura de la naturaleza, los animales se consiguen su propia comida, hacen su propio nido, cueva o madriguera, crían a sus crías, las protegen, las educan, defienden su territorio, coordinan sus ciclos reproductivos, no dependen de nadie; sin embargo, nosotros dependemos de otros para que nos construyan la vivienda, nos confeccionen la ropa, eduquen y cuiden a nuestros hijos, protejan nuestros bienes, cultiven nuestros alimentos y faenen los animales que comemos, mientras tanto en la naturaleza vemos que cada criatura tiene la sapiencia necesaria para lograr satisfacer todas sus necesidades, este estadio de la humanidad está representado por el Adán desnudo, en algún momento la humanidad tiene que empezar a resolver sus necesidades, asumir esa responsabilidad, pasar de la condición adolescente a una situación adulta, ahí es cuando viene Eva a decirle a Adán que se tenía que observar para darse cuenta de que estaba desnudo, hay doctrinas socioeconómicas que sostienen que cada hombre debe de producir al menos el equivalente de los bienes que consume, esto va en concordancia con la famosa sentencia “te ganarás el pan con el sudor de su frente”, un ser humano no debería parasitar a nadie, poco a poco la humanidad formó “la comunidad”, se desarrolló “la cultura”, cada quien se especializó en lo que es su “vocación” y finalmente se gestó una “civilización”, entre todos supimos resolver nuestras necesidades, lo que no podíamos individualmente lo hicimos en comunidad, somos parte integral de la comunidad y sin ella andamos desnudos, podríamos decir que hubo una época en la que la humanidad sentía lo que tenía que hacer y lo hacía, pero nadie sabía por qué lo hacíamos, así viven los “animales”, ellos sienten, no necesitan pensar, es por eso que Eva le presenta a Adán el “Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal”, había llegado el momento de “entender” lo que estábamos haciendo, a fuerza de madurar Adán aprende que el bien y el mal son las consecuencias de nuestras decisiones, por eso dicen que el que no hace tampoco se equivoca, pero Adán no es ningún tibio él vino a este mundo para hacer cosas, nacemos con un conjunto de aptitudes, capacidades, habilidades, destrezas, que son “instintivas”, las llevamos escritas en los genes, también traemos un conocimiento que es “intuitivo”, eso que llamamos corazonadas, el otro conocimiento es el “adquirido”, resultado de la experiencia de tomar decisiones y hacer esas cosas que tenemos que hacer, finalmente está la “verdad”, a la verdad la asociamos con la sabiduría, la sabiduría del sabio no está en saberlo o conocerlo todo, porque como ya vimos eso sería imposible, la sabiduría del sabio está en no equivocarse, por eso Eva le presenta a Adán el árbol de la sabiduría, para que comience a tomar decisiones, para que viva su vida a su manera, para que decida entre el bien y el mal, para que pueda optar entre volverse sabio o no, tenemos libre albedrío, eso quiere decir que nadie nos puede obligar a aceptar la verdad, a la verdad no se la puede mantener cautiva en un libro, por eso Eva junto con el árbol del conocimiento también le presenta a Adán “El Árbol de la Vida”, la verdad es como la justicia, se va expresando en los hechos, nadie nos obliga a ser perfectos, la verdad y el conocimiento son los frutos de ese árbol que es nuestra vida, nadie nos puede imponer la verdad, la sabiduría es algo que tenemos que “tomar” con nuestras propias manos, el verdadero conocimiento depende únicamente de nuestra voluntad, de ahí surgen los “frutos”, por eso dice el dicho “por sus frutos los conoceréis”.
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